Dolor y gloria en la primera procesión

La Virgen de los Dolores dejada tras los muros de la iglesia de San Francisco. Por primera vez en dos años, las pesadas puertas del templo barroco se abren para que ella salga en procesión. Tiene por delante un apasionante viaje de 1.600 metros desde su trono de plata, a hombros de 92 portapasos que la mecen bajo la suave cadencia del dosel bordado que diseñó para ella el pintor Emiliano Rojo. En las calles, los lorquinos se levantaban a sus pasos y la cubrían, consagrados, con ‘vivas’ y pétalos de flores. La bella escultura de Capuz llenó de dolor y gloria la carrera de Semana Santa de Lorca en su primera procesión desde 2019, cerrando un desafortunado paréntesis abierto por la pandemia que ha dejado en vilo la ilusión fraterna de un pueblo dedicado a esta celebración.

Puso los broches a una elegante y sencilla procesión, presidida por la cofradía de labradores, el Paso Azul, en el día más importante del año. La imagen lució su joya más preciada: la Espada del Dolor realizada en oro y pedrería que atraviesa su corazón y que fue un regalo de la Hermandad de Labradores en 2004. También lució en la cabeza la corona que se creó ese día. de su coronación canónica en 1997, en la que aparecen los símbolos de la pasión. La escultura de Capuz fue vestida por las Mujeres Azules con el traje de brocado rosa, y salió en procesión tal y como aparece su imagen en el estandarte de ‘El Reflejo’, cubierta por el escudo diseñado por Francisco Cayuela en 1904, dicho Bien de Interés Cultural ( BIC). Debajo aparecía la hermosa mantilla en encaje de Bruselas, creada en su onomástica y realizada con aguja entre 1870 y 1890. La Association Notre-Dame des Douleurs adquirió esta pieza única de un anticuario exclusivo.

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El trono de plata estaba decorado con rosas, ya los lados estaban las sábanas de San Juan y La Magdalena, también obra de Cayuela. Por las inmediaciones desfilaron valiosas piezas bordadas declaradas BIC como los Estandartes del Ángel Velado, El Reflejo y el Estandarte de Guion, tres de las obras maestras de la época dorada del bordado en Lorca.

nazarenos y mantillas

La Dolorosa fue precedida en la procesión por los 12 nazarenos de la Virgen con capirote de terciopelo azul marino, bordados en oro y plata, que recupera la técnica del bordado utilizada en la época clásica y en la que destacan escenas marianas y la Pasión de Cristo. Detrás de la imagen, el Grupo Musical Mater Dolorosa, que le acompaña en sus salidas procesionales. Sus componentes iban ataviados con trajes militares de gala de la época de Alfonso XIII y eran los encargados de tocar el himno a la Virgen de los Dolores, que los portapasos entonaban con cánticos durante el recorrido.

Junto a la Virgen, cientos de mujeres vestidas con mantillas españolas portaban velas en procesión. El pelotón de caballería de la Guardia Civil, formado por los 13 jinetes que forman la sección musical de esta unidad y que son la escolta infalible de la Virgen desde hace más de 20 años, cerró el desfile. La tradición de las Beneméritas acompañando al dueño del Paso Azul se remonta a la segunda mitad del siglo XX, cuando la Guardia Civil a caballo abría los bíblicos y pasionales desfiles. La costumbre se perdió cuando se retiró la sección ecuestre de la ciudad y se recuperó en 1999.

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El Paso Azul celebrará esta noche en la Iglesia de San Francisco uno de sus actos más solemnes, la Salve que Juan Antonio Gómez Navarro creó para La Dolorosa y que resonará en un ambiente de gran contemplación a las 20:30 horas.

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