Heidegger: un pensador no apto para sensibles, en Descubriendo la filosofía – Música y Libros – Cultura

Para Heidegger, el término “ser” debe entenderse en su carácter antimoderno, es decir, no en el sentido nominalista habitual que se centra en la esfera gramatical y lingüística del verbo, ni en su dimensión material que se basa en realidad palpable. vivir. (lo que nos rodea).

“Heidegger ofreció una extraña respuesta: el tiempo inherente a la categoría verbal no solo es gramatical, sino real y efectivo. Por la misma razón, bajo el término “ser” se debe entender no sólo un significado lingüístico o un concepto lógico, sino también la misma cosa tal como aparece; por ‘ser’ no es posible entender uno (el verbo) y el otro (la cosa) por separado, sino sólo su conexión”, explica Arturo Leyre, autor del libro “Heidegger. El fracaso del ser”.

Martin Heidegger (1889-1976), en “Descubriendo la Filosofía”.

De ahí los odios y pasiones que despertó al volver a los clásicos y, al mismo tiempo, acabar con ellos en su afán por ver la ontología a la luz de la fenomenología, el existencialismo, el marxismo, el estructuralismo y el deconstruccionismo.

Para muchos esto significó traición y para otros evolución; para Heidegger se trataba de una simple (r)evolución natural, ya que en plena transición de la primera a la segunda guerra mundial, el zeitgeist (el espíritu de la época) exigía una transformación.

“Quizás el aura del personaje también vino a reflejar de manera confusa el conflicto intratable de su época, que oscilaba peligrosamente entre la tradición y su destrucción. En este sentido, el filósofo vino a dar una nueva voz a su tiempo y a reflejar a un público para el cual la reflexión consciente (es decir, la filosofía) nada podía hacer contra la historia, cuyo curso se desarrollaba como una fuerza autosuficiente e imparable a partir de la cual cualquier desenlace podía era de esperar”, dice Leyte.

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Otra dicotomía en la que se vio envuelto el filósofo fue su reconocimiento de dos polos. Uno, como autoridad en el pensamiento del siglo XX -siendo el último hito en la vasta tradición, desde Platón hasta Nietzsche- o como profeta grandilocuente. Así, sus “fanáticos” y sus detractores estaban bien divididos.

Y cómo no serlo si, por su fama de simpatizante del nazismo, el antisemitismo y el reaccionario, no fue fácil para Heidegger convencer de su filosofía ontológica, no tanto por su visión ante-guardián del “ser”. ; Sobre todo, porque al anteponer su persona a su teoría, resultaba inquietante que la maldad que se sospechaba portaba se limitara a él, como personaje, o si también lograba “contaminar” su obra.

“Incluso cuadernos, también inéditos, que mezclan pensamientos y meras opiniones, cuando no son genuinas visiones mesiánicas y apocalípticas”, escribe Leyte sobre los Cuadernos Negros.

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