Marco André Melo

La polarización vuelve a ocupar un lugar destacado en el debate público, pero está marcada por un claro malentendido. La polarización no se define por diferencias programáticas, por divisiones sobre políticas públicas, sino por una intensa animosidad hacia los rivales en la arena política. No es fundamentalmente programático, sino afectivo.

Hay otro problema en el debate: el supuesto de que las preferencias políticas se distribuyen en una sola dimensión, en la que se pueden identificar posiciones extremas o centrales. Hablar de “falsa simetría”, por ejemplo, ignora que la polarización y las preferencias de política pública son temas separados. La evidencia es sólida de que la polarización actual en los Estados Unidos y otros países se ha profundizado sin aumentar la divergencia de los votantes sobre las políticas públicas. Hay casos en los que sucedió lo contrario.

En realidad, las preferencias son multidimensionales, y esto se ha exacerbado. ¿Cómo caracterizar al primer ministro irlandés, Leo Varadkar, radicalmente pro-mercado y eco-responsable? abiertamente gay y pro-inmigración (lo cual es consistente con su ascendencia india). ¿O su partido, Fine Gael, que forma parte del PPE, un grupo conservador en el Parlamento Europeo que incluye al Partido Popular Español, Les Républicains en France y Forza Italia, el partido de Berlusconi? Este no es un ejemplo aislado, todo lo contrario.

Además de la economía, la redistribución, el medio ambiente y la moral/usos privados, quedan dos dimensiones cruciales: la moral republicana/pública y los derechos y libertades individuales que son ortogonales a los demás: dos candidatos pueden tener posiciones iguales en las dimensiones anteriores pero difieren en términos de posiciones y prácticas sobre abuso de poder y corrupción, o democracia y autoritarismo.

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Durante las elecciones presidenciales celebradas en marzo en Corea del Sur, resultó elegido el exfiscal general que denunció al entonces jefe del Ejecutivo por corrupción y abuso de poder, proceso que derivó en su juicio político y encarcelamiento. La elección estuvo marcada por una intensa polarización en torno a la moralidad pública. En las elecciones francesas, Le Pen abandonó temas como la inmigración y la Unión Europea para centrarse en la redistribución y lo consiguió.

La competencia política suele tomar la forma de cuestionar la importancia que adquieren ciertas dimensiones (“herestésico” en la jerga), más que un conflicto dentro de cada uno de ellos (lo que también se aplica a la formación de alianzas). La posición en relación con la economía o la corrupción es menos importante que la centralidad que adquirirá el tema. O el silencio a su alrededor.


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La publicación Marcus André Melo apareció primero en NewsWep.

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