Una enfermera viaja 800 kilómetros y vuelve el mismo día solo para jugar al fútbol: “Es mi vida”

En las orillas de Río Chubutsobre la ruta provincial n° 12, se levanta una aldea rural habitada por 44 personas, 18 casas pequeñas, una escuela a la que asisten seis alumnos, un centro de atención primaria y una comisaría. De allí, sobre las lomas del Cerro Cóndor, Valeria Currumil empuja su sueño de ser futbolista.

“Nací y crecí aquí. Salí dos veces: una para hacer la secundaria y la otra para prepararme para el diploma. Pero regresé porque amo a mi comunidad. No me puedo imaginar en ningún otro lugar”, dice. Nuevo Testamento es enfermera 40 años al comienzo de una conversación que será interrumpida varias veces. “Aquí dependemos de un generador y hay una discontinuidad de energía eléctrica. Solo tengo señal WiFi y no es muy buena”, se disculpa y, al mismo tiempo, pinta un retrato de este rinconcito de la estepa patagónica, su lugar en el mundo.

También leo: Tras 40 años de Malvinas, enfermera ha sido reconocida como heroína de guerra en el DNI

Valeria juega de lateral izquierdo atlas de Trelew, que compite en la Liga del Valle. Recorre 500 kilómetros para los partidos de casa de su club, y las distancias pueden ampliarse hasta 800 kilómetros en partidos fuera de casa. A veces los pasea ida y vuelta el mismo día.

“Tomo mis francos al centro de atención primaria para viajar y jugar. Trabajo con una compañera y ella me suele cambiar unas cuantas guardias para que me pueda incorporar al equipo”, explica.

Valeria juega de defensa en el Atlas de Trelew. (Foto: Cortesía de Valeria Currumil)

Vida y fútbol en un pueblo rural: “Aquí jugaba solo o con mayores”

Los largos viajes por caminos de grava son parte de la vida diaria de Valeria. “Es un obstáculo. pero con el tiempo te acostumbraras, resumen. Su hijo, Ezequías, tiene 13 años y también está lejos: cursa la secundaria en una escuela agrotécnica y vive en una residencia de estudiantes en Trevelín.

See also  Desde un corredor de larga distancia adicto al trabajo hasta un velocista amante de la música clásica, aquí hay 8 atletas de pista y campo para ver esta temporada.

“También viajo para verlo. Lo extraño mucho y me encantaría tenerlo aquí conmigo, pero no voy a impedir que entrene y logre su sueño, porque nadie me detuvo”El dice.

Un atardecer en el Cerro Cóndor y el pequeño campo donde Valeria Currumil comenzó a forjar su sueño.

También leo: Pico, pala y tiros libres: Enzo Rodríguez, el futbolista que sueña con ser profesional

Cuando tenía 11 años, Valeria se mudó sola a Esquel para poder ir a la escuela secundaria. Vivía con 33 compañeros de clase en un albergue y allí, dice, se enamoró del fútbol para siempre. “El fin de semana nos dejaban jugar y para mí eso fue increíble. Imagínate eso, aquí en Cerro Cóndor jugaba solo o con señores mayores”describir.

Durante este tiempo, Valeria también aprendió de sacrificios, distancias y reencuentros. “Al principio tenía miedo. Ella era una niña y en ese momento yo no tenía forma de comunicarme con mi mamá, que además era mi único apoyo económico”, recuerda. Y continúa: “Ella trabajaba de cocinera en la escuela número 31, la única en Cerro Cóndor, y tampoco me podía ayudar mucho.

Futbolista y enfermera, dos sueños marcados por los mismos obstáculos

En 2001, Valeria se fue a Comodoro Rivadavia para iniciar la carrera de enfermería. Después de un año de estudio, tuvo que interrumpir sus estudios: debido a la crisis, no pudo seguir pagándolos y regresó a Cerro Cóndor.

Vive y trabaja como enfermera en un pueblo rural habitado por 44 personas.  (Foto: Cortesía de Valeria Currumil)
Vive y trabaja como enfermera en un pueblo rural habitado por 44 personas. (Foto: Cortesía de Valeria Currumil)

Él no se dio por vencido. Cuatro años después, comenzó a trabajar como trabajadora de salud en la aldea, luego hizo un técnico de salud comunitaria y luego estudió enfermería en Bariloche y El Bolsón. en febrero de este año obtuve una licenciatura y al objetivo alcanzado añadió una particular satisfacción: en el camino de su carrera profesional, Valeria había superado las mismas distancias y obstáculos que en su sueño de ser futbolista.

See also  Genshin Impact: Mona, Keqing y Fischl posan juntos en cosplay

“Hoy tengo un trabajo que me permite entrenar y jugar. El fútbol implica gastos: tener ropa adecuada, calzado adecuado y ni hablar de viajar”, preciso. Y continúa: “En el club no tenemos movilidad propia y nos encantaría tenerla. Es difícil, porque cada jugador tiene que organizar los movimientos él mismo. Y si yo no puedo viajar, algunos de mis compañeros tampoco. las que tengo en el coche.

A 60 kilómetros del pueblo, entre Trelew y Esquel, la localidad de paso indio Eso marcó la ilusión de Valeria: en 2016 fue convocada para jugar en el club de la ciudad. Ella ahí empezó a perfeccionar los entrenamientos y cumplió la pretemporada.

Con latas de pintura y cemento, Valeria hizo sus propias pesas.  (Foto: Cortesía de Valeria Currumil)
Con latas de pintura y cemento, Valeria hizo sus propias pesas. (Foto: Cortesía de Valeria Currumil)

También leo: Acampó para una vacante y recorrió 70 kilómetros en moto todos los días para graduarse de enfermera.

El año pasado, Atlas fue admitida al torneo femenino de la Liga del Valle y el club convocó a futbolistas del Deportivo Paso de Indios. Valeria se reencontró con el entrenador -Patricio Ñanculeo- que la había llevado al club de la ciudad, y el Día del diario, de Trelew, reveló su historia: “En el primer torneo llegamos a semifinales. Ahora estamos jugando la Copa Oro y estamos bien colocados, con chances de pelear por el campeonato”.

Valeria, fan de Obstruido y admirador de carlos tevezDice que está viviendo un sueño. Y todos los días, con la ayuda de Eduardo -su esposo- recorre feliz los cerros del Cerro Cóndor para cumplir con los entrenamientos que requiere su participación como futbolista federada. “Incluso hice mis propias pesas con latas de pintura y cemento”, dice con orgullo, y vuelve a soñar.

Leave a Comment